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Índice de contenidos |
Ejemplaridad
Mujer
creyente
La
dulce Isabel
Su
seriedad |
| Es
mucho lo que se ha escrito y dicho sobre Isabel la Católica
y es también mucho lo que se ignora, por ejemplo
que en 1958 se inició en Valladolid, España,
su Causa de Beatificación. Entendemos
la perplejidad que puede causar en algunos esta noticia,
ya que una densa leyenda negra, que no resiste una
crítica seria, ha desacreditado durante mucho
tiempo la más mínima referencia a esta
figura de primera magnitud.
La idea de su Beatificación
surge espontánea en quienes, además
de conocer los tópicos de siempre, bebieron
en las fuentes documentales de la época.
Su vida de Fe, su compromiso con Dios y con el prójimo,
su austeridad de vida, su afán evangelizador,
su lucha por los derechos humanos avalan suficientemente
este planteamiento.
"Positio Histórica" de la
Reina
El 22 de abril de 1990 se edita en Valladolid la "Positio
Histórica" de la Reina, como resultado
de un vasto estudio de más de 100.000 documentos
de los mejores archivos de España y América.
Esta magna obra es aprobada y elogiada unánimemente
por los Consultores de la Sección Histórica
de la Congregación de las Causas de los Santos.
Datos concretos
En breves pinceladas, analizando los datos más
sobresalientes, queremos a continuación reseñar
en qué nos apoyamos a la hora de atrevernos
con un reto tan complejo: La disección entre
política histórica y actitud personal.
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| Mujer
creyente |
| Es
difícil enjuiciar y valorar a Isabel la Católica
fuera del ámbito de la Fe Católica, pues
era ésta la que informaba sus actitudes más
profundas.
Educada
en un ambiente hondamente cristiano, con una tendencia
natural fuerte hacia lo espiritual, reflexiva por
naturaleza, con propensión al escrúpulo
en cuanto al cumplimiento del deber, piadosa, que
no rezadora.
Dedicaba diariamente largas
horas a la oración y devociones personales,
acudiendo con frecuencia a los monasterios donde se
quedaba para hacer varios días de retiro.
Las cartas de dirección espiritual con Fray
Hernando de Talavera, bastarían para conocer
el alma de esta mujer que vivía y reinaba desde
Dios y para Dios. Son innumerables sus continuas referencias
a la gloria de Dios, el bien de la Iglesia, la salvación
de las almas.
Manifiesta su profundo amor a la Iglesia y al Papa
en mil momentos y circunstancias, algunas de ellas
muy difíciles, como cuando se atreve a reprender
al Papa Alejandro VI , por medio de su Nuncio Des
Prats, por su conducta poco edificante.
Inicia con intensidad la reforma eclesiástica,
consciente de la necesidad de una auténtica
coherencia de vida en los sacerdotes y religiosos.
Su Testamento es el mejor testimonio de su profunda
vida de creyente, basten para resumirla estas palabras
suyas:
"En la qual fe e por la qual estoy aparejada
para por ella morir, e lo recibiría por muy
singular e excelente don de la mano del Señor,
e así lo protesto desde agora e para aquel
artículo postrero de vivir e de morir en esta
sancta fe cathólica..."
TESTAMENTO.
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| La
dulce Isabel |
| A fuerza de presentarnos
a la adusta Isabel algunos autores, nos puede sonar
a ironía el epígrafe anterior.
Pero... ¿Cómo pueden darse en una misma
persona los siguientes datos, que nos muestran otra
Isabel a la que quizá no estamos tan acostumbrados?
Ustedes dirán.
A. de Cabrera, cronista a la sazón de Enrique
IV, le escribe a éste cuando Isabel sólo
tenía 17 años y acababa de rehusar la
posesión del trono mientras viviera su hermanastro.
Cabrera nos hace un bonito elogio de Isabel adolescente:
"la virtud y modestia de la Infanta nos obligan
a esperar que os será muy obediente y que no
tendrá más voluntad que la vuestra,
ni alentará la ambición de los Grandes,
pues (...) no hubiese rehusado el título de
Reina que la ofrecían (...) contentándose
con el de Princesa, que, a su entender, le pertenece".
" El modo de conversar de la Reina Isabel era
muy ameno y su platicar estaba salpicado de dichos
graciosos, muchos de los cuales quedaron como proverbios".
Un gesto entre mil que denota su calidad humana:
La esposa del Corregidor de Toledo Gómez Manrique
había caído gravemente enferma en Medina.
Llamaron al Corregidor a Medina, pero él pidió
una prórroga para quedarse en Toledo, por las
circunstancias del momento; se le concedió,
pero al firmar la carta la Reina añade una
posdata de su puño y letra, salida del corazón:
"Gómez Manrique, en todo caso venid luego,
que doña Juana ha estado muy mal, y estaba
mejor, y ha tornado a recaer de que le dixeron que
no veníades." De mi mano. Yo la Reina.
Cada viernes se sentaba en la plaza pública
de la Villa en la que se encontrara la corte, para
hacer justicia gratuita a los humildes, o económicamente
débiles. Acabada la audiencia, ido ya el Rey,
terminado su oficio de Reina, comenzaba el de madre:
"yo os encargo las conciencias, decía
a los ministros encargados de llevar a ejecución
lo sentenciado, que miréis por estos pobres
como si se tratara
de mis hijos".
Temas como el perdón a los vencidos tras la
guerra con Portugal, el trato a los indígenas
de Canarias y América, las innumerables dotes
concedidas a doncellas y otras caridades, necesitarían
un tratado aparte.
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| La
seriedad de Isabel |
"Al estudiar detenidamente
la personalidad de Isabel, salta la sorpresa al descubrir
que estamos en presencia de una mujer "moderna",
dinámica, rompedora de moldes, andariega incansable
por todos los caminos de España para conocer
y convivir con su pueblo, que arengaba a sus soldados
y curaba las dolencia de los heridos en campaña
y les animaba con su palabra como en Baza y en Loja
o les procuraba cobijo en los hospitales de campaña
que ella fundó e inventó"
Vidal González Sánchez.
En Segovia, se organiza un tumulto popular, Isabel
cabalga hasta allí para poner orden, le aconsejan
no acercarse, pues el ambiente es muy tenso y lleno
de peligro, Isabel responde:
" Decid vosotros a esos caballeros e çibdadanos
de Segovia que yo soy la reyna de castilla y esta
çibdad es mía e me la dexó el
rey mi padre; e para entrar en lo mío, no son
menester leyes ni condiciones algunas...". Pero
a continuación, al dirigirse al pueblo, que
le recibe en silencio le dice: "Decid agora vosotros,
mis vasallos e servidores, lo que queréis,
porque lo que a vosotros viene bien, aquello es mi
servicio e me place que se faga, pues es bien común
de toda la cibdad..."
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