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Tercera de las Jornadas programadas para el presente curso, en honor de Isabel la Católica. La primera tuvo lugar en Toledo, la segunda en Valladolid y esta última en Granada.
A las 19,30 horas tendrá lugar la celebración de la Eucaristía presidida por el Sr. Arzobispo de Granada, Mons. Javier Martínez y a continuación, en el Centro Cultural Nuevo Inicio (Plz. Alonso Cano), el Cardenal Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, pronunciará una conferencia sobre Isabel la Católica y su relación con los no cristianos.
¿Y por qué en Granada?
El 2 de enero de 1492, fue una de las jornadas más gloriosas para los Reyes Católicos, ya que tras diez años de lucha, el Señor les concedió incorporar a la Cristiandad el Reino Nazarí de Granada, culminando así la Reconquista que iniciara D. Pelayo en Covadonga en el año 718.
La Reina fue el alma de aquella empresa, sosteniendo a todos con su espíritu lleno de fe en la nobleza de la causa que perseguía, organizando la retaguardia, proveyendo de lo necesario, aunque para ello tuviera que empeñar hasta sus joyas. En los momentos de desánimo, bastaba su presencia para alentar a todos, hasta conseguir el triunfo final.
Magnánima con los vencidos, generosa con todos, hasta el más grande desprendimiento por proveer al Culto en los nuevos templos. –En palacio se puede pasar sin plata.... y mandaba fundirla para hacer cálices que eran entregados a las nuevas iglesias. Pendiente asimismo de las necesidades de los más pobres, fundando incluso “una casa donde estuviesen los locos”, un manicomio.
A Granada le dio algo que para ella sin duda era lo más valioso, su santo y sabio Padre espiritual, Fray Hernando de Talavera, monje jerónimo, como primer Obispo, aunque para ello tuviera que prescindir de su dirección más cercana. Y es que a esta ciudad de Granada “tenía en más que a su vida”.
En su Testamento, la recuerda y elige como última morada:
“E quiero e mando que mi cuerpo sea sepultado en el monasterio de sanct Françisco que es en la Alhanbra de la çibdad de Granada, seyendo de religiosos o de religiosas de la dicha orden, vestida en el habito del bien auenturado pobre de Iesu Christo sanct Françisco en una sepultura baxa que no tenga vulto alguno, saluo vna losa baxa en el suelo, llana, con sus letras esculpidas en ella. Pero quiero e mando que si el rey mi sennor, eligiere sepultura en otra qualquier iglesia o monasterio de qualquier otra parte o lugar destos mis reynos, que mi cuerpo sea alli trasladado e sepultado junto con el cuerpo de su sennoria, por que el ayuntamiento que touimos biuiendo e que nuestras animas espero en la misericordia de Dios ternan en el çielo, lo tengan e representen nuestros cuerpos en el suelo...
Item quiero e mando que si fallesçiere fuera de la çibdad de Granada, que luego sin detenimiento alguno, lleuen mi cuerpo entero, como estouiere, a la çibdad de Granada. E si acaesçiere que por la distançia del camino o por el tiempo no se podiere lleuar a la dicha çibdad de Granada, que en tal caso lo pongan e dopositen en el monasterio de sanct Juan de los Reyes de la çibdad de Toledo. E si a la dicha çibdad de Toledo no se podiere lleuar, se deposite en el monasterio de sanct Antonio de Segouia. E si a la dicha çibdad de Toledo ni de Segouia no se podiere lleuar, que se deposite en el monasterio de sanct Françisco mas cercano de donde yo falleçiere e que esté alli depositado fasta tanto que se pueda lleuar e trasladar a la çibdad de Granada; la qual translaçión encargo a mis testamentarios que hagan lo mas presto que ser podiere.
D. Fernando, no quiso otro enterramiento que junto la Reina Isabel y así lo dejó escrito en su testamento, el 22 de enero de 1516.
“...Ytem considerando que entre las otras muchas y grandes merçedes, bienes y graçias que de nuestro Señor por su ynfinita bondad e no por nuestros meresçimientos avemos resçibido, una e muy señalada ha sydo en avernos dado por muger e compañía la serenísyma señora reyna doña Ysabel, nuestra muy cara e muy amada muger que en gloria sea, el fallesçimiento de la qual sabe nuestro Señor quánto lastimó nuestro coraçón y el sentimiento entrañable que dello ovimos, como es justo, que allende de ser tal persona e tan conjunta a nos, merescía tanto por sí en ser doctada de tantas e tan syngulares exçelençias que ha sydo en su vida exenplar en todos abtos de virtud e del temor de Dios y amava y celava tanto nuestra vida, salud e honrra que nos obligava a querer e amarla sobre todas las cosas deste mundo...”
El Conde de Tendilla y el Arzobispo Fray Hernando de Talavera, recibieron el féretro de la Reina en Granada, el 18 de diciembre de 1504, y le dieron sepultura según los deseos manifestados por ella en el Testamento. El magnífico mausoleo actual fue ejecutado en tiempos de su nieto Carlos I.
12/04/2007
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