|
¡SEGUIMOS!!
Han concluido en España los actos conmemorativos del V centenario de la muerte de Isabel la Católica. Como en otras ocasiones, han sido las iniciativas privadas, casi en exclusiva, protagonistas de estas conmemoraciones. La Reina Católica no es hoy tema oficial o políticamente correcto; lo que no ha sido obstáculo para que su memoria haya suscitado, dentro y fuera de esta nación que sigue llamándose España, multitud de actos de todo tipo: congresos, conferencias, simposios, exposiciones (alguna extraordinaria, como la de Toledo, en la catedral primada), publicaciones, representaciones, entrevistas, programas, declaraciones, reportajes, etc.
A nuestra Comisión han llegado noticias e informaciones de muchos de estos actos celebrados en todo el ámbito cultural iberoamericano. Por nuestra parte, no hemos reparado, desde nuestras posibilidades, en colaboraciones, iniciativas, asistencias en cuanto se nos ha solicitado, sugerido e invitado.
Muchos abrigábamos la esperanza de que este V centenario podría ser la ocasión propicia para el impulso definitivo a la Causa de beatificación de la reina castellana. La prolongada enfermedad de Juan Pablo II en la última etapa de su vida y su muerte, la elección del nuevo Papa Benedicto XVI y sus consecuencias en cambios (aún sin concluir) en la Curia romana, unido a la no fácil aceptación, (por algún grupo, minoritario pero influyente en el Vaticano), de la extraordinaria figura de Isabel la Católica no han hecho posible que esas esperanzas se colmaran felizmente.
No se han colmado, pero tampoco se han quebrantado. Queremos ser hijos fieles de la Iglesia; por eso tenemos plena confianza en que serán superadas las para nosotros “desconocidas” resistencias que aún retardan el final feliz de una Causa noble, que (así se nos notifica) está correctamente planteada, debidamente documentada y, nos atrevemos a añadir, ha de ser de gran provecho, especialmente hoy para la actualidad española, y también para todo el ámbito cultural hispanoamericano y aun para toda la cristiandad, como ejemplo de madre, esposa y buena gobernante.
Esto nos impulsa a proseguir con mayor ilusión en nuestros constantes trabajos de estudio, de investigación y de difusión de la verdad objetiva de esa egregia figura de la historia de España y de la Iglesia, y a continuar pidiendo que se acelere el momento, que tantos anhelamos, de que sea por fin reconocida por la Iglesia la vida de esta mujer totalmente entregada a servirla, respetarla, obedecerla y extenderla por todo el mundo.
18/01/2006
|